In entradas anteriores Propuse a profundizar en las nuevas formas de estructura regional. Sugerí regiones y proyectos interprovinciales [enlace 1] Y enumeré algunas de las razones por las que debemos organizarnos de esta manera regional [enlace 2]. En este post quiero escribir sobre por qué ese paso nos permitirá responder mejor a la misión que hemos recibido.

  • Nos permite realizar economías de escala, lo que nos permite utilizar más eficazmente los recursos económicos, administrativos y humanos que tenemos.
  • Nos ayuda a mejorar la calidad de nuestro servicio mediante la unión de nuestros esfuerzos y utilizar en forma más adecuada de nuestros recursos humanos, tecnológicos e institucionales. Incluso podríamos decir que nos permite ser más competitivos a nivel mundial. Regiones de este tipo podrían servir a las provincias mediante la coordinación de las inversiones en, por ejemplo, casas de formación o la Red Jesuita a Refugiados. Podríamos pensar en la formación, tanto jesuitas y laicos, en este tipo de base regional, de manera que garantice los números, la calidad de instructores y programas, un contexto apropiado, la presencia de alguna etapa de formación en todas las provincias, y la dimensión intercultural de formación en todas las etapas.
  • Nos permite profundizar en el sentido de que el cuerpo de la Iglesia y de la Compañía de Jesús, que nos hace más sensibles a nuestra identidad y misión compartida.
  • Esto significa que estamos trabajando junto con la tendencia histórica de nuestros pueblos, que es uno de integración más que de conflicto y de un enriquecimiento cultural que viene a través del diálogo.

Esta es una propuesta novedosa que requiere un serio discernimiento. Pero no hay necesidad de que nos tememos novedad. el mismo P. General en su carta nos invita a ser creativo con respecto a la misión. Ese fue el gran logro de jesuitas en las reducciones.

Este camino no implica la creación de nuevos niveles de superiores intermedias, sino más bien acuerdos entre los provinciales para asignar un delegado para el trabajo en común de sus provincias.

  • Tal vez un sector apostólico podría organizarse sobre una base regional. Por ejemplo, varias provincias podrían unificar su promoción vocacional, o ministerios sociales, o la formación en virtud de un delegado o coordinador común.
  • Podríamos pensar en una comunidad como regional, como la que se propone establecer en la triple frontera de Chile, Bolivia y Perú, o una casa de formación.
  • Podríamos organizar un trabajo en particular a nivel regional: la Red Jesuita a Migrantes, por ejemplo, podría tener un director para varios países.

¿Sería este tipo de estructura regional será más útil para nosotros en nuestra misión?

FOTO: desde Flickr por advocacy_project bajo licencia Creative Commons (CC BY-NC-SA 2.0). Este post es parte de un artículo publicado originalmente en portugués y español en el número de informe CPAL 288, publicado el 30th septiembre 2013. Esta es una traducción del original en español por Mario Cazal (Paraguay) y Philip Endean- (París) para el proyecto de una red jesuita. Todo el documento se puede encontrar en este sitio web [Inglés] [Español]